Sí, a mí también se me acabó la vida cuando mi hijo murió. Yo tampoco le veía sentido a seguir con esto. Ni a levantarme por las mañanas, ni a ducharme, vestirme. A las conversaciones y preocupaciones que oía en mi día a día. Ya nada tenía sentido y tampoco quería que lo tuviera.

También yo tenía la seguridad de que mi vida a partir de ese momento iba a ser un infierno hasta que acabara. Era injusto que él no estuviera aquí y yo sí. ¿Por qué ? ¿por qué a él? ¿por qué a mí?…

Pero después de mucho buscar y buscar explicaciones por todos lados. De llorar y llorar muerta de rabia hasta caer rendida. Llegué a uno de los entendimientos más valiosos en mi proceso. «Mi hijo no iba a volver». De nada servía que intentara entender el porqué. Eso no lo iba a traer de vuelta. De nada servía que me culpabilizara y viviera sumida en un infierno. Eso no lo iba a traer de vuelta.

Así que el primer paso que dí, fue perdonarme, perdonarme por no haberlo podido evitar, descargar toda la culpa que llevaba encima que me estaba consumiendo. Llegar al entendimiento de que yo no quería que mi hijo muriera, pero desgraciadamente murió. 

Después tuve que perdonar a todo el mundo que tenía a mi alrededor, a todos los que seguían viviendo ajenos a mi dolor. A los que no se habían comportado como yo reía licito tras la muerte de Jaume. Llegar al entendimiento de que nadie sabe cómo actuar en una situación así. NADIE. Y que cada uno hace lo que sabe y puede desde su mapa.

Por último, tras aceptar, perdonar y llorar toda la tristeza que eso me generaba. Fui capaz de tener otra visión. No podía traer a mi hijo de vuelta, pero sí convertir mi vida en un homenaje a él. Ser la mejor versión de mí cada día. No dejar nunca de aprender. Y sobre todo, no permitir que fuera mi verdugo. Todo lo que había traído a mi vida era precioso y así debía continuar.

Y en eso estoy ahora, en ser mejor cada día ( aunque a veces me salga mi parte más primitiva) Sigo aprendiendo de mí. En poner esto, mi vivencia, a disposición de una sociedad que vive de espaldas a la muerte y al dolor que genera una pérdida. A tender la mano sin juicios a todo aquel que esté sufriendo como en su día pude hacerlo yo. A acompañar en el camino de las lagrimas, este tan largo y doloroso pero a la vez tan sanador.  A hacer crecer la marea verde y gritarle al mundo que «El reencuentro será maravilloso». Y que la muerte no acaba con el amor que ese va con nosotros a todos lados.

NO DESISTAIS, POR EL AMOR QUE LE TENÉIS A LA PERSONA QUE HABÉIS PERDIDO, LUCHAR PARA ENCONTRAR DE NUEVO EL SENTIDO A ESTA,  AUNQUE A VECES DURA, MARAVILLOSA VIDA.

MI CUERPO Y EL DUELO

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Angela

    Hola Mónica
    Sería fantástico poder disfrutar de un
    segundo libro tuyo . A mi me sirve de terapia leerte. Eres un ejemplo a seulguir.

    1. Mónica Lidon

      Hola Angela,

      Muchísimas gracias por tu mensaje, me hace muy feliz leerte. A mi escribir me calma, me cura, me da mucha paz. Me parece increíble poder ayudar con ello. Gracias por contármelo.

      El segundo libro está en proceso :). Deseando poder presentároslo.

      Un abrazo gigante
      Mónica Lidón

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