Sois muchísimas las personas que me escribís contándome que algún familiar, amigo o ser querido ha perdido a alguien y no sabéis cómo actuar ni cómo poder ayudarles. Por ese motivo he decidido escribir este post. Espero que os ayude a entender y poder acompañar desde el amor y la seguridad.
¿Cómo se siente un doliente?
Las primeras semanas en estado de shock;
Lo vive todo cómo si estuviera viendo una película, con mucha incredulidad. El dolor por la pérdida de alguien querido es tan fuerte, que el cuerpo y la mente nos protegen haciéndonoslo vivir en tercera persona, si no fuese así, estallaríamos en mil pedazos. El doliente los primeros días suele actuar mecánicamente, siente mucho miedo, culpa, le dará vueltas una y mil veces a cómo ha acontecido la muerte y a todo lo que hubiera podido hacer y no hizo.
¿Cómo podemos actuar ?:
Solo acompañado, ayudando con las tareas más básicas que para el/ella serán un mundo. Limpieza de la casa, cocinar, papeleos, bancos, conducir. Cualquier tarea necesaria del día a día que para un doliente en estos días es prácticamente imposible realizar. Además de esto, solo escuchando, escuchando y nada más. Evitemos las frases hechas que se suelen decir. “Tienes que ser fuerte”, “el tiempo lo curará”, “la vida es así”. Esto no ayuda sino todo lo contrario. Evitemos los consejos, lo único que necesita un doliente es presencia y que lo escuchen.
Después de la primera semana:
Aquí empieza el proceso que para cada persona será diferente. Ningún proceso de duelo es igual, todo depende de la personalidad y las circunstancias de cada uno. Hay personas dadas a expresar y otras a callar, el doliente marcará el paso, no nosotros, lo único que necesita es saber que puede contar contigo, que entiendes por lo que está pasando y lo acompañes desde el amor y el respeto. Escúchale si necesita hablar, y si no, simplemente acompáñalo en su silencio. No juzgues su comportamiento, nadie lo hace mejor o peor en un duelo, simplemente se hace lo que se puede. No lo compadezcamos, tratémonos de igual a igual. Evitemos frases cómo la de “Estoy aquí para lo que necesites” un doliente no te pedirá ayuda, si quieres estar a su lado, hazlo sin esperar a que te llame. Dejemos-le llorar y hablar de la persona fallecida, esta es la única manera de trascender un duelo, LLORANDO. Podemos sugerirle que busque ayuda profesional si la situación le supera, siempre será de ayuda expresar lo que sentimos con alguien externo a nuestro día a día. Evitemos celebrar la vida en su presencia, entendamos que para el doliente en ese momento su vida se ha parado y ha perdido todo sentido. Acompañadlos desde el amor. El/ella marcará el ritmo. No lo obliguemos a ser fuerte, a distraerse, vamos a intentar buscar espacios en los que se sienta a salvo y cómodo. Intentemos pasar HOY, de mañana ya hablaremos, no hacemos planes a largo plazo.
A continuación, detallaré alguna de la sintomatología que puede aparecer durante el proceso. Toda esta se vive con mayor o menor intensidad dependiendo del parentesco, la causa, y la relación que se tenga con la persona que ha fallecido.
Ansiedad, ataques de pánico, aturdimiento, vacío, pérdida de apetito, dolores musculares, sensación de fatiga, temblores, miedo, insomnio, pérdida del sentido de la vida. Se tiene la sensación de pérdida de control continuamente y las emociones se viven muy intensamente. Te sientes en una montaña rusa, llena de altos y bajos. Atravesemos todas y cada una de nuestras emociones.
Teniendo el conocimiento de todo esto, estoy segura de que nos será mucho más fácil acompañar a nuestros seres queridos tras una pérdida.
Un abrazo a todos/as
Os quiero y os admiro. Gracias siempre.
El Reencuentro será maravilloso